Mi pequeña reencarnación

Hace unos cuantos días una buena amiga me sugirió que leyera este libro. Dada mi curiosidad por casi todo y la especial simpatía por esta persona, dejé al margen mi agnosticismo y decidí leerlo.

Bien, yo soy agnóstico y escéptico. Y tras leer el relato, que es conmovedor, sigo siendo agnóstico y escéptico. No es esto un alegato espiritual. Sino más bien un alegato en favor de cierta confusión mental.

Básicamente, esta obra relata de forma breve la experiencia por la que una madre (la autora) tiene que enfrentarse a una situación desconocida y desconcertante para con su hija pequeña. Una situación completamente incomprensible. O irracional si se quiere. Dejando al margen los detalles del relato, lo verdaderamente útil para mí, de una forma algo extraña, es que me sirve para explicar algo.

Sabemos que ni la ciencia cognitiva ni la psiquiatría pueden explicar cómo sería posible lo que le sucede a esa niña. Lo que tenemos en la mente no son palabras, sino ideas. La representación de “cosas” que vamos adquiriendo, aprendiendo o construyendo. Cuando nos enfrentamos a una situación cualquiera, nuestra mente recurre al “almacén de memoria” buscando la respuesta adecuada. En ocasiones esta respuesta puede ser instintiva, o bien aprendida, e incluso comprendida.

Pero es imposible que existan respuestas sobre ideas definidas si antes no han sido aprendidas, o en otros casos, extraídas de un proceso previo de comprensión. Por eso es completamente imposible que una niña como la del relato pudiera actuar y responder tal como actúa y responde.

Podríamos entrar ahora a cuestionar a la autora. Por los mismos principios de la ciencia cognitiva y la psiquiatría también sabemos que la descripción de una situación real, en realidad es la descripción del modo en el que vemos dicha situación. Ya que una simple descripción nunca puede incluir todas las posibilidades. Y cuando describimos una situación estamos tomando, aunque no sea deliberadamente, una posición con respecto a la misma.

Es decir, que nuestra descripción está sujeta al principio de subjetividad del pensamiento. El problema de este principio de subjetividad en el caso de este relato, es que quien describe no quiere asumir lo que describe. Esto es, que ante la situación que está aconteciendo, ella no es capaz de encontrar respuestas adecuadas en su “almacén de memoria”.

Este es un hecho importante, porque es en este momento cuando nuestra mente comienza el proceso para intentar comprender una situación que, hasta ahora, era totalmente desconocida. Para una madre experimentada y adulta en esa situación, ya no sirve el conjunto de ideas definidas que han sido adquiridas y aprendidas en el curso de su vida. Se necesita todo un proceso de comprensión para que, lo que he visto y escuchado pase a ser una situación reconocible. Pueda pasar a tener cierta coherencia y lógica.

También podríamos dar argumentos más simplistas. Como por ejemplo, que el relato es resultado de la locura o la enajenación. Pero resulta improbable que le editen un libro, si este fuera el caso. O incluso podríamos argumentar un motivo más materialista: quiere vender libros. Aunque este ejemplo además de simplista sería ridículo: si lo que se busca es fama y dinero, el des-amor o el sexo son temas más recurrentes y menos complejos.

Así que llegado este punto, lo que sí podríamos considerar es que los principios de la ciencia cognitiva y la psiquiatría son aplicables también al resto de los mortales. Es decir, que yo que soy agnóstico y escéptico no puedo asumir sin más la explicación dada a la situación a la que se enfrenta esta madre con su hija. Pero que, siendo completamente inexplicable con el conocimiento científico del que disponemos, no puedo sino quedar dispuesto a comprender lo que aún desconozco. No existe la certeza absoluta.

Como ejemplo. Copérnico publicó de forma anónima en 1514 su modelo mediante el cual el Sol se encontraba estático en el centro, y la Tierra y los demás planetas giraban en órbitas circulares alrededor del Sol. Cierto que Copérnico erró. Ni giran en órbitas circulares (sino elípticas), ni el Sol está estático (todas las estrellas tienen movimiento). Pero se acercó bastante. Y gracias a él y otras muchas personas nuestra comprensión del universo es cada vez mayor.

La mente humana no puede tomar conciencia de lo que no es consciente. Y esto requiere muchas veces (más de las que serían deseables) del des-aprendizaje. Todos somos esclavos de lo que aprendemos, y llegar un poco más lejos exige de disposición (que no de capacidad). Esta disposición es un elemento clave en el desarrollo de la capacidad para el pensamiento crítico. Pensar de forma crítica requiere de nosotros examinar nuestros puntos de vista y las suposiciones que fundamentan dichos puntos de vista.

Y si llegado este punto hay que aceptar nuevos descubrimientos… pues bienvenidos sean.

Abusar de la lógica es como abusar del vino… se pierde el buen efecto

“Mi pequeña reencarnación. Un hecho real”, Ana Belén Ruiz García, 2015 editorial Elefthería